jueves, 10 de agosto de 2017

Con los alumnos en la Grecia Clásica






Os dejo por aquí las primeras páginas de un proyecto que quiero mover: La ciudad en la historia, recorrido por la evolución del urbanismo, la historia de las ciudades, los diferentes tipos de problemáticas que se enfrentan hoy en día (gentrificación, gestión de residuos, etc), todo ello con una mirada divertida y amena, como sucede en mis clases.

De hecho, el tebeo recogería parte del temario de 3ESO en Geografía, y está basado en las láminas y las explicaciones que utilizo con mis chavales en el aula. Estas primeras páginas son algo así como un estudio de lo que tengo en mente.

No son definitivas.

Como sabéis, soy un firme creyente en el poder de las viñetas como vehículo didáctico, pero claro: una cosa es lo que yo crea... y otra lo que crean las editoriales.

En todo caso, aquí va la propuesta para futuros interesados:

La ciudad en la historia
125 pags. Color o Blanco y negro/bitono (a negociar)
Formato apaisado, tamaño tomo Manga o así.
Cuadernillo didáctico incluído.

sábado, 22 de julio de 2017

El taparrabos de Espartaco (06)

La historia hasta el momento:
Los Agentes de la Historieta han escapado por los pelos de Leptis Magna (ciudad romana del norte de África, siglo I a.C.) y vuelven a sus casas tras otra exitosa misión: Tomé en París, las hermanas Dillon en una granja de Utah, Isadora en Londres... y precisamente aquí nos quedamos, con ella.
Agentes de la Historieta: El taparrabos de Espartaco, es una aventura que adapta las historias escritas por mis alumnos de 2ESO en el proyecto de la Segunda Evaluación. Los chavales tenían como objetivo narrar un viaje por el mundo durante quince días para localizar una serie de reliquias arqueológicas que habían desaparecido. De todo ello he dado cuenta en este blog.

Mi intención es ir subiendo durante todo el verano toda la aventura, que además servirá de presentación para toda la organización de Agentes de la Historieta y que utilizaré durante el próximo curso con los alumnos de 1ESO y 2ESO.

Si os interesa la trama y queréis estar al tanto de la misma, podéis leerla desde el principio aquí.

martes, 18 de julio de 2017

Abecedario Científico

Aunque lo realicé a principios del curso 2016/2017, ha sido ahora (gracias a las veleidades de twitter) cuando este Abecedario Científico se ha hecho popular.
La selección de nombres, como podéis imaginar, es arbitraria. Reducir toda riqueza de la ciencia a un abecedario es una tarea titánica. No se puede constreñir a unas cuantas letras. Podríamos decir aquello de "no están todos los que son, pero si que son todos que están".

Mi intención durante los próximos meses es sacar la segunda versión del mismo, con nuevos científicos, así como otros similares dedicados a músicos, escritores, etc.

Del mismo modo, he decidido subirlo con una licencia creative commons que permite su distribución gratuita y reproducción para fines no-comerciales, siempre que mencionéis al autor, etc.
Podéis acceder al la carpeta de descarga, que contiene un JPG en alta resolución y un documento PSD desde aquí.


jueves, 29 de junio de 2017

El taparrabos de Espartaco (05)

En capítulos anteriores...
Los Agentes de la historieta han escapado de una intervención en la Leptis Magna del siglo I a.C. gracias a la proverbial actuación de la profesora Krispa. Una vez en la base de operaciones, comienzan a volver a casa: Tomé cenará solo en ático con mansardas que sus padres poseen en París. 
Las gemelas Angie y Dixie se apresuran a cambiarse en el granero de su granja en Utah...

Dicho esto, os aviso que además de colgar las páginas por aquí he creado una galería en mi perfil de facebook para que podáis seguir la historia desde el principio.

Los cómics no son lectura


Así, igual de patidifuso que vosotros, me quedé yo al inicio de la ponencia impartida por Antonio Altarriba en las Comic Tools. ¿Y sabéis una cosa? Al veterano autor no le faltaba razón.

Los cómics no son lectura. No lo son. No son lectura desde un punto de vista literario, tradicional.

Tal como apuntó Altarriba sacándonos a todos un suspiro de alivio, frente la comprensión lectora que se genera cuando te enfrascas ante cualquier texto escrito, los cómics exigen (y ofrecen) mucho más. Según su opinión, a la hora de analizar este mismo proceso con una página repleta de viñetas sería más correcto hablar de exploración lectora, es decir: un descubrir de los mecanismos, de los detalles, de las planificaciones, los encuadres, los colores, los fondos, los bocadillos, la tipografía, la documentación gráfica, y mil cosas más. Como bien apuntó, los escasos dos o tres segundos en que (como lectores) fulminamos un par de láminas, esconden un trabajo muy poco agradecido (como artistas) que puede saborearse desde múltiples niveles.
Para ejemplificar esta idea, que a mi me pareció fabulosa, Altarriba utilizó diversos ejemplos del trabajo de Kim en El arte de volar y El ala rota, donde la documentación, el detallismo y la meticulosidad del dibujante invitan a leer y releer de nuevo la obra con el fin de encontrar siempre nuevos aspectos que la hacen disfrutable.


Son muchos los teóricos que hablan de esa experiencia enriquecida o lectura 2.0. que se establece con los cómics. Es cierto que existen muchísimas formas de contar una historia, infinitos estilos, trazos, matices, que hacen de este medio de comunicación uno de los más poderosos. Ocurre así, por ejemplo, con la viñeta de la escalera en Sin City, de Frank Miller. Recuerdo que cuando cayó en mis manos la tragedia Marv en la ciudad del pecado pude disfrutarla de la mejor forma posible: no tenía ni puñetera idea de quien era su autor, no entendía por qué se serializaba su historia en las páginas de la difunta Cimoc, revista que adaptó fielmente el material episódico de Dark Horse Presents. Pero cuando llegó esa viñeta, la de la escalera, todo cambió: Cerca de veinte años más tarde, todavía no se cuántas veces he pensado en ella, en su contraste de tonalidades, en la épica que destila y en lo bien que resuelve Miller todo lo que sucede a continuación. Sin percatarme de ello, me encontraba a un paso de subirme en un tren hasta Valencia y buscar entre los estantes de Futurama un tebeo sobre Batman que también había dibujado este señor.
Pues bueno, en la traslación fílmica de Robert Rodriguez, dicha viñeta también aparece recreada, si bien allí donde yo podía ensimismarme durante horas, aquello se reduce a un par de segundos, una banda sonora amenazadora y pare usted de contar. De hecho, imagino que de caer en mis manos el guión de dicha secuencia pondría algo así como "la policía sube por la escalera. Marv espera dentro", es decir: información más que suficiente para comprender qué es lo que se nos está narrando. Información que se torna insuficiente cuando el artista transforma todo esto en narración gráfica.

Y eso sin hablar del metalenguaje, de las rupturas de la cuarta pared, de onomatopeyas, de aspectos estéticos y estilísticos, de rasgos que se nos escapan en esa primera lectura y que vuelven a nuestra memoria pasados unos cuantos años. Quizás basándose en esta última idea, Altarriba daba con otra interesante vuelta a la tuerca, señalando un nuevo camino hacia la aplicación didáctica de los cómics en el aula, es decir:  A la hora de trabajar la historieta en clase basándonos en ese aspecto, la incapacidad que tienen nuestros alumnos de comprender procesos complejos en todo su espectro, de pasar por encima detalles que vuelven con los años, con la necesidad de abrir un cómic porque alguien te ha hecho reflexionar sobre su potencial.
Quizás sería más interesante educar a los alumnos en esta lectura enriquecida de los tebeos que tratar de metérselos con calzador. Partiendo de nuestras sesiones de 50 minutos y el temario agobiante que siempre llevamos a cuestas, desde el aula resulta más sencillo trabajar una lámina, una página concreta situando en contexto al lector, que obligar a la lectura de unos tebeos antediluvianos, difíciles y profundos para lectores de 13 o 14 años.


¿De que sirve que nuestros alumnos lean cómics por obligación si nadie les ha educado sobre sus virtudes? ¿No sería más interesante enseñarles previamente todo lo que puede ofrecer la exploración de las viñetas? Si secuestramos una página concreta de El arte de volar y la utilizamos para ejemplificar con ella el horror de la Batalla del Ebro, si trabajamos así la profusión de detalles, la documentación, la planificación de la secuencia... les estamos mostrando el infinito potencial de los tebeos. Y si de verdad confiamos en ellos, si de verdad logramos que se aferren al libro, no cabe duda que cuando sean más adultos y se encuentren con esta auténtica obra maestra que nos proponen Kim y Altarriba, sabrán valorarla en su justa medida: no como el horripilante tocho de páginas que les hizo tragar su profesor.

Los cómics no son lectura: Son exploración lectora. Quizás llega el momento de entenderlos en el aula de otra manera.

miércoles, 28 de junio de 2017

El de la espada láser

Ayer 27 de junio tuve el placer de intervenir en la Jornada Comic Tools, organizadas por Álvaro Pons en colaboración con Las Naves y con la Fundación SM. Como he referido en más ocasiones, se trata del primer evento sobre la didáctica del cómic como tema específico (y suficiente presencia mediática e institucional...) que tienen lugar en la zona de Levante.
A lo largo de mi intervención, dedicada como bien imaginaréis a mi experiencia docente con los chavales y los cómics, hablé de muchas cosas de las que daré debida cuenta en futuras entradas, pues todavía estoy procesando la cantidad de información y de ideas generosas con que llegué a casa bien caída la tarde. Hoy sin embargo, me gustaría referirme a una anécdota que vino a colación durante los últimos momentos de la ponencia, es decir: cuando saqué mi puntero de pizarra ante el asombro de los presentes y señalé con él la diapositiva con los proyectos que habían realizado mis alumnos da lo largo de la segunda evaluación.
Este gesto, que para mi ya es cotidiano, suele causar estupefacción ante muchos compañeros de oficio que siguen utilizando la tiza para señalar aquello que les resulta relevante en sus ready made pizarriles. No les arriendo la sorpresa, los gritos ahogados y la carcajada. Mi puntero lleva años siendo un simpático sable láser de juguete. Y lo reconozco sin tapujos: También he utilizado para estos menesteres un pollo de goma vestido de enfermera, una peluche de la rana Gustavo, una réplica del puñal élfico Dardo que brilla en la oscuridad, una marioneta en forma de gallina, o lo más alucinante desde mi punto de vista, el peluche del maestro Yoda que actualmente guarda a buen recaudo uno de mis antiguos alumnos (y recorrió hace cerca de 10 años 150 kilómetros del Camino de Santiago colgado de mi mochila), es decir: Cualquier cosa que sirva para transmitir ilusión, para sorprender y generar ese captatio benevolentiae tan necesario en el aula, ese prurito alucinante que aunque algunos llaman "tenerlos conectados", prefiero referirme a él mediante la poética y literaria expresión de "despertar en ellos el sentido de la maravilla".

Recapitulemos. El curso en que aprobé las oposiciones (es decir: cuando empecé a trabajar como Profesor de Educación Secundaria) tuve la grandísima suerte de coincidir con el último ciclo de un compañero del cual asimilé muchísimas cosas. No me avergüenza decir que la nuestra era una relación de simbiosis: él buscaba alguien en quien desahogar su dilatada experiencia, yo me pegué a él como una rémora.
Toni era lo que habitualmente se conoce como "pozo de sabiduría". Comenzaba a explicarte en el bar que había enfrente del instituto sus aventuras como político, su paso por el País Vasco con aquel primer destino profesional, su viaje de fin de curso a Mallorca con unos alumnos (donde se topó con un tipo serio que tocaba la guitarra en la terraza del ferry, se quedó embobado escuchándolo y descubrió en otro viaje de estudios a París que se trataba de Leonard Cohen...) y perdías la noción del tiempo. Cigarrillo en ristre, combinado de ron y coca-cola cada viernes a la hora del recreo. Los alumnos lo adoraban y yo también.
El caso es que uno de los consejos más importantes que me brindó mi felizmente jubilado compañero fue el que aparece en la ilustración que figura líneas más arriba. Ha llovido mucho desde entonces, pero sigo pensado que Toni llevaba razón: los profesores hemos de transmitir ilusión a los chavales. Evidentemente, el curtido fan de Kavafis, del Vega Sicilia y de la buena vida, tenía sus pequeños trucos para lograr todo esto, pero recuerdo que fue el único de mi departamento de sociales, de mi primer claustro, que no arqueó la ceja cuando se enteró que utilizaba el sable láser de juguete para señalar la pizarra. De hecho, si no me falla la memoria, estuvo un buen rato indagando su mecanismo y sonrió al verlo expandirse con una sonrisa por debajo de su bigote tan luminosa como la de un niño de cuatro años. Desde entonces, a pesar de utilizar otros "amigos de mochila", los diferentes sables (rojos, azules, verdes...) han ido acompañando mi docencia, y en todo este tiempo únicamente he tenido dos "problemas gordos", por así considerarlos.

El primero vino cuando la madre de una de mis alumnas llegó alarmada para hablar conmigo porque su hija le había mencionado lo del sable. Al parecer la mujer no lograba visualizar un objeto que "cambiaba de tamaño cuando el profesor lo agitaba y lo mostraba públicamente a la clase". Todavía hoy no entiendo muy bien qué tenía esta señora en la cabeza, pero os aseguro que lloró de la risa cuando de deshizo el entuerto.

Mi segundo encontronazo tuvo que ver con la Inspección Educativa. Fue en el segundo IES donde di clase: Estaba yo de guardia en el pasillo, dando vueltas al sable sobre la mano, cuando apareció por ahí un señor trajeado que preguntó por el despacho del Jefe de Estudios.
Tal como he comentado, el manejo de la Fuerza es tan cotidiano en mis clases que casi como un acto reflejo desplegué todo el artefacto ante el susodicho desconocido (que saltó hacia atrás) y señalé con él hacia el fondo del pasillo. Un par de segundos más tarde, cuando se recuperaba del desconcierto con un pañuelo que sacó de su bolsillo, me preguntó para qué servía aquella cosa.
- Para señalar a la pizarra. - Contesté yo.
Su respuesta todavía la tengo grabada en sangre: - Interesante metodología - Dijo: - Soy el Inspector de su zona.
A mi se me puso la cara blanca del susto, volví a envainar el sable con su ruido característico (que en el cine es algo así como "suaffffff", pero en mi juguete suena como "clac, clac, clac, clac"), y el hombre se echó a reír. Minutos más tarde volvió a pasar por el pasillo en compañía del Jefe de Estudios, que parecía un basilisco, y me propinó una palmadita en el hombro. Seguía riendo.

Poco más queda por añadir. Bueno... si: Con esta última anécdota descubrí también que en el mundo de la enseñanza las historias corren como la pólvora, así que desde entonces soy algo así como "el de la espada láser". No hay curso de formación en el que intervenga, no hay corrillo de compañeros en el que me presente donde no me lo digan: "Ey, tú eres el de la espada láser". Y con mis alumnos sucede exactamente igual: "Pedro el de la espada láser". El friki. El guay. El que lleva este calificativo con más que evidente satisfacción profesional.

Pedro el de la espada láser. Ese soy yo. Tenéis un Maestro Jedi velando por vuestro camino, jóvenes Padawans. No os dejéis llevar por el Reverso Tenebroso de la Fuerza.